“El hiperrealismo de Nina”

Cuento: Manuel Espitia

Ilustraciones: Juan felipe Velásquez (Pipex)

 

Caminar por el centro de Bogotá un viernes en la noche es lanzarse a la incertidumbre, nunca sabes lo que vas a encontrarte. Algunas sombras caminan con prisa, otras a su ritmo. Como la de un hombre joven que busca en los libros que los vendedores ponen en el suelo, algo bueno para leer. El joven se detiene en la carrera séptima con calle 26, donde ve una artista que retrata a una señora en grafito y carboncillo sobre lienzo.

– Aquí tiene señora, mañana se la leo. Visíteme al medio día en la calle 32 con tercera.
La señora le entrega un billete de $10.000 y se va sin dejar de ver el cuadro, sin saber que lo que viene delante de ella, está representado allí. La artista guarda todo en una valija grande. El joven se le acerca y le habla.

– Quiero que me retrate.

– Venga el domingo, a las 21:00.

La retratista lo mira a la cara, pero no ve su cara sino un futuro retrato.

Ma I

 

El joven vuelve el domingo al mismo sitio y la ve a ella sentada fumando y leyendo “El Túnel” de Sabato.
– Buen libro. ¿Dónde puedo comprar buenos libros? ¿Filosofía, novelas clásicas? Aquí solo hay de superación.

– Siéntese.

– ¿En qué parte vas?

La mujer no responde, lo mira fijamente, cierra los ojos, respira profundo y los vuelve a abrir, alista todo y empieza a dibujar. El joven se queda quieto viendo la mitad de su cara fina que sobresale del lienzo, su ojo izquierdo de color verde claro, la mitad de su nariz redonda, la mitad de sus labios delgados, un retrato de ella misma hacia ella misma.
– Quédese quieto por favor. Está moviendo los ojos.
La artista termina el retrato. Jaco se queda viéndolo, lee la firma en la esquina inferior derecha: Nina.

Ma II

– Nina, esto es espectacular.

– Vaya a mi estudio mañana y se lo leo, 32 con tercera.

– Mañana no puedo Nina.

Nina cambia el tono de su voz.

– ¿Quieres ir ya?

– ¿No te molesta?

– Me molestaría más si no me “molestaras”.
Todos los días Nina sale con su valija llena de herramientas y camina sola de su casa a la sétima y de la séptima a su casa. Esta era la única vez que lo hacía acompañada. Nina mira a Jaco a los ojos, agradeciéndole sin decir, pero en su mente su rostro es diferente.

Ma III

 

– Supongo que en la casa tienes más libros.

– ¿En qué crees que me gasto lo que me gano? Ahora te los enseño.

– Nina lo siento, se me olvidó pagarte, ¿por qué no comemos algo aquí? Yo te invito.

– Me da pena contigo.

– Nada de pena, entremos que ya me dio hambre.

– Vale.
Entran al único restaurante que está abierto y se sientan, piden de la carta y conversan mientras esperan.
– Oye Jaco, perdón por hablarte así, la verdad es que casi no he dormido.

– Y yo quitándote horas de sueño, qué pena.

– No, no es tu culpa.

– Nina, tus ojos y tus manos son divinas.

– Jaco, mis ojos son como los de un gato negro, mis manos como las de una anciana.

– Tus manos son las de una deidad. Tus ojos están conectados con lo eterno.

Jaco se acerca a ella. Pero hay algo que le impide besarla y se aleja.
– Soy un simple mortal.

– Es muy pronto para ser inmortal, comamos mejor.

Nina se queda mirando los rasgos de Jaco y en una visión demoniaca ve su rostro desconfigurado.

Ma IV

Traen la pasta, pero está caliente. Esperan y luego dejan de hablar y comen con gusto. Jaco paga la cuenta, salen y caminan hacia la casa de Nina. Al llegar, Nina invita a Jaco a sentarse en una silla que tiene en el centro de su sala. El apartamento está decorado con plantas, algunos pedazos de madera y piedras talladas con símbolos rúnicos.

– Como ves esta silla es especial, no puedes moverte, es para que el nuevo cuadro quede perfecto. El retrato que te hice es apenas el boceto, ahora voy a hacerte el final.

Nina se sienta enfrente de él, saca un marco, lo pone sobre un caballete y toma su lápiz mecánico para tallar sobre piedra y madera. Se acerca a Jaco y con suma delicadeza le corrige la postura de la cabeza. Se da la vuelta, se quita la chaqueta, la blusa y luego los jeanes. Queda desnuda, Jaco siente una erección. Nina vuelve hacia él, le quita la chaqueta, la camisa, el pantalón, el interior y las medias.

– Me gusta someter a mis víctimas.

– ¿Víctimas?

– Sexuales, eres uno de ellos.

Nina se sienta encima de Jaco lentamente e introduce su sexo en el suyo con mucho cuidado. Apunta con su lápiz en la frente de él y comienza a dibujar sus nuevos rasgos, o más bien a desdibujar los anteriores. Jaco no puede moverse, Nina salta sentada encima de él, mientras le hace unas arrugas en la frente, las mejillas, el mentón, le pule los detalles, le inventa las marcas del futuro. Jaco grita con agudeza y maldice con voz gruesa.

– Soy la vida, soy el tiempo acelerándose, los dolores entre más se extienden, más duelen, yo me compadezco de ti Jaco y por eso disminuyo la duración de la tortura, para que no la sientas eterna, para que sientas los años en segundos.

Jaco eyacula, Nina se pone de pie, se dirige al caballete, toma el marco y se lo entrega a Jaco.

– Mírate en el espejo, ¿quieres envejecer más?

Jaco sostiene el espejo y deja de gritar, tiene el cuerpo cubierto de sangre, resignado se entrega a la vida o mejor a la muerte, se siente nauseabundo, fatigado, dejado, ido. Como diciendo “perfecto”, como si hubieran pasado 80 años. Sonríe ligeramente como si estuviera dopado, riéndose para sus adentros, susurrando:

– Falta tu firma Nina.

Ma V

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